Tan a la orilla del río Arnoia que desde su edificio de piedra se puede oír saltar las truchas de hasta
tres kilos que se pescan en la zona. Un balneario familiar donde a los clientes se les acaba conociendo por su nombre y,
todavía, se les avisa para comer o cenar tocando puntualmente la campana para que acudan a su comedor de aires decadentes,
con su mobiliario de los años 20. Las legiones de Decio Junio Bruto recalaron en Molgas y al parecer le dieron su nombre,
del latín "mollicas", es decir, sedantes, que es la principal característica de estas aguas tan abundantes
que, además de para los tratamientos, se siguen usando para el agua corriente y la calefacción. Desde su
construcción, en 1873, Molgas nunca ha dejado de funcionar, viviendo a lo grande la época dorada de los balnearios.
Y si sus aguas no fueran suficiente para recuperar la forma, siempre se puede intentar con un paseo hasta el cercano Santuario
dos Milagres, que concentra cada septiembre una de las romerías más concurridas de Galicia. Otras excursiones
apetecibles son la villa monumental de Allariz o los cañones del Sil.