Las aguas de su manantial ya eran utilizadas por los romanos. Prueba de ello son las ruinas de sus antiguas termas,
declaradas Bien de Interés Cultural y abiertas a las visitas dentro del propio balneario. Una de las captaciones de agua,
protegida hoy por una pirámide de vidrio, es también la que utilizaron los romanos, y hasta la antigua palestra en la
que realizaban sus ejercicios emergió durante las obras de ampliación de la cafetería. Aunque es probable que
otros pueblos anteriores se sirvieran también de los beneficios de sus aguas, de lo que no hay duda es de que, hasta nuestros
días, generaciones y generaciones de lucenses han ido forjando una importante tradición termal alrededor de este balneario.
Situado a la entrada de la ciudad, con un paseo ajardinado de unos diez kilómetros a la ribera del Miño, este establecimiento
cuenta con un edificio del siglo XIX totalmente remozado que alberga la mayoría de las habitaciones y el llamado balneario
terapéutico. En un anexo, otro edificio levantado en 2001 con otra veintena de habitaciones y el moderno balneario lúdico,
más orientado a tratamientos de relax y belleza. Y todo ello a dos pasos de todos los alicientes de la ciudad de Lugo.