Una reforma de diseño para un balneario de tradición centenaria que abrió por todo lo alto el verano de 2003. Rodeado por un campo
de golf de 9 hoyos y por un bosque privado de 30 hectáreas cuajado de senderos, desde cada rincón se obtienen vistas maravillosas, ya sea desde
las habitaciones o, incluso, desde las bañeras de hidromasaje del balneario, todas con un ventanal que mira a los jardines. Si el hotel se asienta en un
edificio de principios del XX, el balneario, conectado por una pasarela desde el interior del hotel, es de nueva construcción, con 4.000 m2 de instalaciones
inundadas de luz natural que se cuela por las cristaleras y que incorporan lo último en balneoterapia. Incluso tiene ecobar y un restaurante dietético
junto a la piscina en el que comer algo ligero sin quitarse el albornoz, amén de programas estrella como el Circuito Termal, del que salir levitando tras el
derroche de mimos para el cuerpo y el espíritu.