"El exministro Pedro Acuña recuperó la salud en los baños del manantial,
que lleva su nombre, y construyó de su peculio en el año 1813 el primer cuerpo de una sólida edificacióón
sobre la cual se levanta hoy el soberbio balneario-hotel". La crónica apareció en 1908 en El Faro de Vigo,
en una página que hoy luce enmarcada junto al mostrador de recepción de este establecimiento que conoció
los tiempos dorados de la balneoterapia, cuando antes de la guerra la gente bien se daba cita en ellos verano tras verano.
El edificio del hotel, todo en piedra junto al río Umia y con un gran salón de techo laminado en madera,
con sus espejos y lámparas y portones de cristales biselados, denotan el esplendor de aquella época; el balneario,
rehecho por completo en 2001, nos devuelve a la nuestra, aunque en sus aledaños se han conservado algunas de las antiguas
bañeras de mármol, hoy convertidas en jardineras bajo el emparrado de la entrada. Junto a la piscina termal del jardín
se levantan también 16 bungalós muy demandados en verano para familias con niños.